miércoles, 27 de abril de 2011

Noche de Champions: Los diablos rojos acaban con el cuento de hadas





De ficción a realidad. Del cuento de hadas a la dura verdad. Así podemos definir metafóricamente lo que sucedió ayer en Gelserkirchen, de donde el Manchester United salió avistando la final de la Champions tras machacar al Schalke con una sobriedad pasmosa, evidenciando un mundo de distancia entre el nivel de los dos conjuntos. Al final fue un 0-2, pero el marcador pudo ser aun más abultado para el United, que dilapidó ocasiones para golear, sobre todo en las botas de un Chicharito irreconocible de cara a puerta. Conforme transcurrieron los minutos, el Schalke se despedazaba en las garras de un Manchester United que llevó el partido a su terreno y que fue un rodillo imposible de contener para la caótica defensa de los mineros.

Sin embargo, cuando Velasco Carballo daba por concluida la primera parte, la sensación era otra. Había sido una primera parte delirante. Era inexplicable que los ingleses no estuvieran por delante. Un milagro. En parte por la figura de Manuel Neuer, el gran protagonista del choque, que ayer detuvo todo lo que pudo y más. Pero yo lo asemejaba al cuento de hadas que ha guiado a los germanos hasta su primera semifinal en Champions. Parecía que un ángel de la guarda sobrevolaba el Veltins Arena, protegiendo a los de Rangnick ante toda embestida de los mancunianos, porque rara vez el Manchester United da un festival de fútbol ofensivo sin acertar a dar en la diana ni una vez. Y ante esa falta de pegada, el milagro del Schalke se antojaba posible.

Esa desconcertante primera parte no pudo arrancar con más descontrol. Los primeros compases fueron un auténtico intercambio de golpes donde se proyectaban la verticalidad y el ritmo. A esa carta jugó Rangnick con una apuesta muy atrevida. Modeló su equipo ante la ausencia de Howedes (su mejor central), insertando a otro hombre de ataque y los suyos lo asimilaron. Baumjohann, Jurado y Farfan se juntaron mucho por dentro para crear problemas, los laterales subían permanentemente. A Ferguson no le convenció tanto revuelo sobre el césped, así que lo suavizó adueñándose del balón tratando de destruir al Schalke a fuego lento. Su estrategia funcionó y arrinconó poco a poco a su oponente gracias al fenomenal trabajo en la medular de los red devils. Aun así, algo fallaba. El gol se resistía a pesar del despiporre que Chicharito y compañía estaban llevando a la zaga germana. El vendaval ofensivo del United se estrellaba una y otra vez contra Neuer (sondeado por Ferguson). Nunca el United se había esmerado tanto para obtener tan bajo rédito.

La tónica se prolongaba en la reanudación, solo que esta vez la suerte fue distinta. El Schalke se recompuso defensivamente para no repetir errores, pero para entonces Rooney ya había espabilado. A la hora de partido, el niño malo conectó con Giggs para que el galés culminara su obra maestra. Corrijo lo de que Neuer fue el gran protagonista, porque lo de Ryan fue un escándalo. Brilló en todas las facetas del juego para liderar a su equipo al triunfo. Sus 37 años respiran gloria una vez más. El segundo llegaba inmediatamente después cuando Chicharito se inventaba una jugada para que Rooney sellara la eliminatoria. Y sellaba la eliminatoria porque la reacción de los germanos era nula, totalmente sedados por el dominio inglés. Sabiéndose muy superior Ferguson, recompensó a los suyos metiendo otras caras para mover la pelota.

No he comentado nada sobre Raúl, ni Jurado, ni Farfan porque solo existieron los primeros quince minutos, el resto del tiempo fueron almas en pena por el campo aperreados por la infinita seguridad de la pareja Ferdinand-Vidic (puede que la mejor del mundo). Y es que los diablos rojos no han encajado ni un solo gol fuera de su estadio en esta Champions (3 en total). Aunque lo que más habla de la grandeza de este equipo es el hecho de que va a disputar su 3º final de Champions en los últimos cuatro años. Y lo van hacer estropeando este precioso cuento de hadas.

lunes, 25 de abril de 2011

La renuncia a ganar del Arsenal



Acostumbrado a ser una atracción para el gran público por su fútbol de ataque combinativo y su cultivo de jóvenes talentos, el Arsenal no debe olvidar que es un equipo de primer nivel, y como tal, rellenar las vitrinas del lugar resulta una necesidad. Pues bien, este año cumplirá su sexto año en blanco, algo inaceptable para un club tan prestigioso como el Arsenal en las islas. Desde luego que ha tenido sus opciones este año en todos los frentes, pero sus corrientes descuidos han supuesto un coste irreparable. Los analistas pueden aducir al respecto que el equipo ha vuelto a sufrir lesiones de varios cracks del vestuario, que la suerte les ha sido esquiva nuevamente y mil cosas más. Y tienen razón. Pero también es sensato decir que el Arsenal no ha sabido estar a la altura de lo que había en juego, y su madurez se ha aplatanado.

Su tumba empezó a cavarse el 27 de febrero cuando se veía las caras con el Birmingham en la final de la Carling Cup. Obviamente los londinenses eran favoritos y acabar con la maldición de los títulos estaba al alcance de la mano. En aquel momento el equipo se sentía fuerte, después de vencer en ida de Champions al Barça y con una racha importante de partidos sin perder en la liga inglesa. Todo ello se fue al garete en el momento en el que Oba Martins ahogaba la esperanza de los gunners en aquella fatídica jugada. El golpe producido por aquella derrota sería incontestable, cayendo seguidamente ante el Barça, dejándose puntos incomprensibles en Premier y, para colmo, quedando fuera de la FA Cup en Old Trafford. Lo de la Premier merece un caso aparte. El bajón psicológico ha sido muy acusado y el cuadro de Wenger ha reducido la marcha cuando el guión exigía lo contrario. El torneo doméstico siempre ha permanecido muy abierto y nadie ha sido dominador claro (el Chelsea está 2º!!!), pero el Arsenal ha desperdiciado puntos valíosísimos que ahora mismo les servirían para auparse arriba. La culpa es solo de ellos, porque los puntos que han dejado escapar son para pedirle disculpas y más disculpas a los fans. Esos puntos despilfarrados los extraigo entre remontadas inexplicables (14 puntos) y otros chascos en partidos de casa (12 puntos). Y entre esas ``hazañas´´ figuran el sonrojante 0-4 desaprovechado de Newcastle, el empate del Liverpool en el minuto 102 o las dos remontadas del Tottenham. Solo el Arsenal es capaz de tales marimorenas.

Es cierto que el equipo nos ha deleitado con momentos de dulzura futbolística, además de que se puede deducir que crece con nuevos descubrimientos que auguran alegrías (Szczesny o Wilshere), pero el plantel debe exigirse conquistar títulos paralelamente a esa formación deportiva que desarrolla, como bien indica Fabregas en su reciente entrevista con Don Balón. ``Habrá un momento en que tendrás que dar el paso... O ganas o no ganas´´ ``Se tiene que tomar una decisión: O ir a ganar o a formar jugadores´´ Arsène Wenger no acompaña en la resurrección de los suyos, pues cada semana se siente víctima de algún complot contra su equipo (árbitros, revistas, otros managers, fair play...). Personalmente, sus quejidos son una chorrada que solo sirven como tapadera para no enfrentarse cara a cara con la realidad. Y en esa realidad, la labor del alsaciano queda algo cuestionada porque no está siendo capaz de mentalizar a su plantilla ni de inculcarles la fortaleza mental necesaria. Se puede comprobar en la despreocupación que los gunners han mostrado en la recta final de la temporada, diluyendo su tensión competitiva cuando el pulso por la Premier todavía no estaba cerrado. Sin ir más lejos, en la última semana han tirado por la borda tres victorias que al final se han quedado en nada. Ayer, en el Reebok Stadium, el Arsenal ofreció las mismas sensaciones: cuajó la relajación contando con todos sus efectivos y al final perdió un partido (con dos goles calcados) que podía haberse llevado cómodamente. Cualquiera diría que no quieren ganar...

jueves, 14 de abril de 2011

Noche de Champions: El sueño del veterano, la transformación del inexperto, la gesta del Schalke



Las semifinales ya están servidas. Real Madrid-Barcelona y Schalke 04-Manchester United. Solo el más osado dudaba de que estos serían los cuatro supervivientes, visto lo visto en la ida. Noche impropia de las alturas a las que estamos, puesto que toda la emoción y los goles relucieron el pasado martes. El Madrid traza ya el dibujo para futuros compromisos venciendo también en White Hart Line con una defensa férrea, unido a la pifia -otra más- de Gomes, contra un Tottenham que limpió el honor en cuanto a su nombre, pero sin una despedida en condiciones de su histórica participación. Por su parte, el Schalke también le ganó el segundo pulso al Inter en el otro trámite de la jornada gracias a la exhibición de un Raúl pletórico que expande su leyenda con un gol y una asistencia. El vigente campeón cayó sin oposición, luchando solo con el peso del escudo, un escudo que su rival miró sin recelo para acabar desprestigiándolo en un marcador de ensueño para los germanos.
Las papeletas de los de Gelserkirchen para llegar donde han llegado eran minúsculas. Ya desde la fase de grupos, su clasificación parecía difícil, pero rebelándose contra la norma lógica del fútbol, consiguieron desbancar a Benfica, Valencia, y ahora el Inter de Milán. Las claves de su éxito parecen ser cosa de fenómenos paranormales, pero se localizan en la estampa de una leyenda que afronta sus últimos pasos en la élite con la ilusión de un niño y de un técnico desconocido en estas batallas que ha revolucionado el orden de un equipo en solo 10 días.

Encomiábamos la maestría de ciertos protagonistas del Manchester en esta Champions. La de Giggs, la de Van der Sar o la de Scholes anteriormente. El galés ha reinventado su fútbol conforme lo ha hecho su fisionomía. Ha pasado de ser ese extremo veloz y goleador, a cuajar como un asistente distinguido colaborando en la media. Pinocho, en cambio, es como el buen vino, mejora con los años transmitiendo una seguridad sofisticada. Lamentablemente, a final de temporada dirá adios. A esta lista de viejas glorias se adhiere Raúl González, que en busca de un retiro apacible en el Schalke, se ha colado en semifinales de la máxima competición continental anotando 5 goles para su equipo y liderándolo con el espiritu que le caracteriza. Estos tres veteranos están convirtiendo esta edición en la Champions del Veterano.
Hay dos escenas con las que me quedé tras el duelo de ayer en el Veltins Arena.
La primera fue en zona mixta cuando un reportero alemán hablaba con nuestro caballero andante que lucía una sonrisilla picarona consciente de que lo había vuelto a conseguir. "Ha sido un momento muy emotivo porque el Schalke nunca había llegado a una semifinal de la Liga de Campeones. Pero, ahora, sabemos que podemos llegar más adelante y podemos soñar con la final" "Sabemos que será difícil porque el Manchester es un gran equipo pero en fútbol todo es posible". La sensación que dejaba después de derrocar al Valencia era de que el Schalke estaría dos partidos más en la Champions. Ahora su discurso revierte en esperanza y en una licencia para soñar.
La segunda fue nada más acabar el encuentro cuando vivía el triunfo con la pasión de un crío, saludando con honor a sus compañeros y dirigiéndose a su afición, que le aclamó como un verdadero héroe de los mineros. Y subió a la grada recibiendo el calor de su afición mientras sus compañeros se postraban ante el mosaico azul. Una imagen épica.
Su participación bien merecía ese tributo. Tras avisar a la zaga en varias ocasiones, el siete culminó una obra de su aliado Jurado, para hacerle un cañizares a Julio César. 1-0, el objetivo estaba a punto de caramelo. No quedó ahí. En la segunda parte una maravilla de pase picado por encima de la pasiva defensa interista, sirvió para que Howedes finalizara la jugada como un disparo potente.

Pero el culpable de esta gesta no es solo Raúl. Si le dicen a Ralf Rangnick hace dos semanas que congería a este Schalke apesumbrado y lo metería en semis de Champions y con opciones en la Bundesliga de llegar a Europa, probablemente soltaría una carcajada. Pero es que no tiene otro sentido. La directiva planeaba que Magath se marchase a final de temporada, pero su repentino cese por motivos administrativos, propiciaron que Rangnick fuese el elegido para coger el timón del club. El técnico de Backnang nunca había competido tan alto. Entre su cuidado historial está el haber ascendido a Hannover (2002) y su sobresaliente labor en el Hoffenheim, además de su año en los mineros alcanzando el subcampeonato de liga y copa. El gusto por el fútbol ofensivo y combinativo siempre ha sido su seña de identidad. Y es lo que está practicando en Gelserkirchen. Ya en su estreno se apreció en el 0-2 en St. Pauli. Y tras el bombazo del 2-5 en el Meazza, los mineros cosecharon una nueva victoria en liga sobre el Wolfsburgo (1-0), y ahora redondean el cruce ante el Inter. Las modificaciones en el vestuario de Rangnick se han centrado en dar confianza a sus jugadores de mayor calidad. Así es como, se ha reinsertado el talento de Baumjohann y se le han encomendado los galones en la construcción a Jose Manuel Jurado. Evidentemente, ha habido un refuerzo anímico en la plantilla que el autoritarismo de Magath había demolido.

Así es como funciona el nuevo Schalke 04, un bloque que se ha presentado a las puertas de la gran final europea ante el estupor general. Su próximo contendiente es el Manchester United, al que querrán apear para seguir haciendo historia. Si lo hacen, Raúl González y Ralf Rangnick saldrán a hombros del Veltins Arena.

miércoles, 13 de abril de 2011

Noche de Champions: El arte de la perpetuación


 


   En Donestk, el Barça refrendaba su lugar en las semifinales con la misma seriedad que Guardiola exigía. Valdés resplandecía una noche más, Mascherano seguía reclamando su hueco en el once y Messi aumentaba su nómina goleadora, y todo ante un Shakhtar al que no le sonrió la diosa fortuna en ningun momento de la eliminatoria. Pero mi atención se focalizaba en la vieja calle de Sir Matt Busby, una auténtica leyenda en el Manchester United siendo el entrenador que más años ha perdurado en el cargo hasta que recientemente, otro ilustre, Sir Alex Ferguson, le arrebató ese marca de 24 años en el banquillo de Old Trafford. El escocés todavía no pone fecha a su salida del club ya que su hambre de títulos no cesa después de haber guiado a los red devils a embolsarse una buena lista de títulos implantando un gen ganador en el vestuario que se ha perpetuado generación tras generación. Esa es la principal cualidad que ostenta el United, un conjunto que metamorfosea en su estilo de juego, adaptándose a todo tipo de circunstancias, sabiendo apretar el acelerador cuando se requiere y manejando los tiempos del partido a su antojo. Esas pautas se derivan del afán de competitividad máxima y de una mentalidad ganadora admirable. Muchos analistas afirman que su nivel decrece desde que Cristiano y Tévez se marcharon, pero un zorro viejo como Ferguson con una autonomía inquebrantable en el United logra inculcar ese carácter ganador que mantiene a su equipo en el primer escalón europeo tenga la plantilla que tenga.

La ley de Ferguson volvió a imponerse una vez más en el choque ante el Chelsea, poniendo la puntilla ayer a la buena renta cosechada en la ida en un partido apasionante que se resolvió con un 2-1 a favor de los diablos rojos en un Old Trafford engalanado como en sus mejores citas. Un guión similar al de la ida, en un primer acto cerrado, se presumía que el duelo no se decidiría hasta el final. Y así fue, pese a que el Manchester administrara la ventaja con la maña del buen empresario. Los londinenses salieron a intentar mandar, con un sistema poco original, aunque resguardandose de que el United clavara la estacada final. Con Torres deslucido, Anelka desgarbado y Lampard muy lejos de su mejor forma; los Blues solo sorprendían desde la electricidad del costado izquierdo y los centros envenenados de Ivanovic. El peligro se generaba en el área contraria, a la que el Man Utd llegaba con un ataque más poderoso, comandado por Rooney y Giggs, entonados durante todo el partido. Lo del galés merece mención aparte, dando una lección de veteranía otro día más con el código de quien lleva 20 años sin aflojar la tuerca. Regaló las dos asistencias de manera dulce y resistió los 90 minutos sin apuro alguno. Su primer surtido era para el pequeño gran Chicharo, que culminaba una jugada parecida al gol de Rooney en el Bridge. Minutos antes, Chicharito ya predicaba con lo que sucedería, solo que el linier vio fuera de juego donde posiblemente no lo había.

Los últimos 45 minutos exigían una entrada revitalizante y ésta se tradujo en la inclusión de Didi Drogba por Torres (algo que causará debate) y el cuadro de Ancelotti lo agradeció. El elefante tiró del carro levantando el espiritu de los suyos nada más entrar, solo que se topó con otro tipo persistente como Van der Sar (su retiro será un duro coste para el United). Fergie ataba los cabos para no sudar demasiado, y por eso retrasó sus líneas buscando el gol definitivo al contragolpe. Se puso más de cara aun, cuando con una entrada torpe, acorde al partido lamentable que hizo, Ramires era expulsado a falta de 20 minutos. Los minutos daban la razón a Ferguson, pero sin quitársela del todo a Ancelotti. Es más, cuando más seguros estaban los red devils, Drogba establecía el nudo en la garganta de los aficionados, devastador como siempre en uno de los pocos despistes de la zaga local. La eliminatoria se ponía patas arriba, pero sin tiempo para situarse, el coreano Park sentenciaba la eliminatoria acto seguido en un lapso muy convulso. A partir de ahí, el público se dedicó a entonar efusivamente el mítico Que sera sera conscientes de que el pase a las semis estaba en el bolsillo. Una victoria trabajada, en parte sufrida, y muy meritoria que mantiene las opciones de triplete y acerca al Manchester a la final gloriosa. Cuarta semifinal de Champions de las últimas cinco ediciones.

Mientras el Manchester United daba una demostración más de fortaleza mental, el Chelsea se deshojaba en la que pudo ser la última oportunidad de su generación triunfal (Drogba, Lampard, Terry, Cole, Anelka). La imagen de este curso ha sido paupérrima, el mismo Ancelotti se extraña de que no le hayan echado todavía, y una vez más, queda retratado que Roman Abramovich no puede ``comprar´´ la orejona. La billetera del ruso no camufla el ruido alertando de un ineludible fin de ciclo que sobrevuela el barrio de Chelsea. La limpieza deportiva de este verano promete ser bestial ante la necesidad de renovar un plantel condenado a la deriva. El vestigio de cambio radical ya se adivinaba en la organización de los hombres de Ancelotti ayer: Un puzzle de grandes piezas que no confluyen, que para colmo fracturaba aun más con el gesto desconsiderado de Anelka tras su cambio. Es la otra cara de la moneda, la de un equipo que toca a su fin.

Puede que el Manchester United no fiche a punta pala, desembolsándose millones y millones; y que su equipo no sea una oda al fútbol espectáculo que tanto prima para el espectador en la vigencia actual. Y hasta puedo entender que muchos contemplen que sus posibilidades para percibir títulos sean limitadas. Pero, si nos fijamos, la Premier está al caer, el sábado se enfrentan a sus vecinos por un puesto en la final de la FA Cup y en Champions ya han aterrizado en el penúltimo peldaño. El honor y la grandeza que transmite son bienes incalculables que hacen de ellos un club campeón con todas las letras. Quien tuvo, retuvo.

miércoles, 26 de enero de 2011

Hazañas inacabadas



La noche de ayer fue palpitante, sin duda. Para aquellos que sigan creyendo que el fútbol inglés es cosa de unos pocos, les invito a que se repasen los dos grandes partidos que se disputaron. El Manchester United, invicto en Premier, viajaba a Blackpool en partido aplazado para aumentar su ventaja con el resto. El Arsenal se jugaba el pase a la final de la Carling Cup, tropecientos años después, con la misión de voltear el negativo 1-0 que sufrió en Ipswich. Ni por asomo fue un coser y cantar para los dos gigantes del país anglosajón. Dos partidos paralelos en los que la modestia estuvo a punto de dar la campanada con un papel muy digno. Sin embargo, al final, fue Goliat el que ganó la batalla, de igual modo, a base de épica y esfuerzo.

Porque el Arsenal sudó horrores en ese enfrentamiento contra el Ipswich Town. Se mascaba la tragedia en el Emirates, al registrar el marcador en el descanso un 0-0 preocupante. El Town soportaba como podía el empuje de los londinenses con Cesc Fabregas como timonel, una vez más decisivo en su contribución. Con las únicas modificaciones de Arshavin, Bendtner y Denilson esta vez titulares, los gunners fueron destruyendo poco a poco el entramado de los visitantes, pero sin marcar el gol de la tranquilidad. Pese a ello, el cuadro de Wenger fue prudente y esperó la ocasión adecuada para igualar la eliminatoria. Sabían que Wembley estaba en camino, y volver al escenario que tantos títulos le había otorgado era primordial.

Muchos kilómetros más al norte, el Manchester United era consciente de la importancia de imponerse al Blackpool. Si ganaban, eran ya cinco puntos de distancia sobre el Arsenal y la condensación del título. Para ello debía asaltar Bloomfield Road, el hogareño estadio de los naranjas. El Blackpool era candidato número 1 antes de que empezara la temporada a regresar a la segunda división inglesa. Un equipos sin historia y un plantel poco reconocible que se ha ganado el respeto del fútbol inglés gracias a su apuesta atrevida y sus números desconcertantes. Al igual que en el Emirates, el equipo pequeño daba la sorpresa. Dos saques de esquina botados por el magnífico Charlie Adam sirvieron para que el milagro fuese posible. Las hazañas se estaban cumpliendo y mientras unos dejaban escapar el tren de la Carling, otros tambaleaban su dominio en la liga.

A la vuelta de vestuarios pasaban los minutos y el nerviosismo se apoderaba de seguidores gunners y red devils. Incluso recibieron algún que otro susto para dejarlos KO definitivamente. Y de repente, todo se trastocó en un instante. Reaccionaron los grandes tirando de casta y de sus estrellas cuando más lo necesitaban. Berbatov y el Chicharito clavaban la estaca a los seasiders, empatando un partido que se les había puesto en contra, con la mentalidad típica del United. La sensación de que pueden pisar el acelerador y levantar los partidos cuando ellos lo decidan. Su juego está en entredicho y las vocen indican que su plantilla empeora año tras año, pero ese veneno inoculado por Ferguson para salva obstáculos no tiene precio. Su insistencia tuvo premio al igual que la del Arsenal, en una de las pocas jugadas que pilló desprevenida a la zaga del Ipswich, Bendtner marcaba el 1-0 que dejaba la eliminatoria patas arriba y hacía estallar al Emirates. Inteligentísimo el balón largo de Wilshere y el danés le añadía salsa a la eliminatoria. Seguidamente llegó el tanto de Koscienly que daba al traste con las esperanzas de los blues, tanto habían nadado para ahogarse en la orilla contra un Arsenal que fue entonando su fútbol hasta que obtuvo el fruto. El global se agrandaría con un tercer gol de Fabregas apaciguando los sobresaltos que más de uno se llevó en Londres.
Por su parte, el Manchester United apretaba en busca de la victoria y ésta llegó sobre la vocina con el 2º gol de Dimitar Berbatov (muy aficionado a hacer dobletes y tripletes) que culminó con su pierna izquierda una contra mortal del United. El Blackpool confirmaba su cuarta derrota consecutiva después de despilfarrar un resultado inaudito para los más fieles cuando la primera derrota del líder estaba asegurada. A decir verdad, ya tenía mis titulares sobre las hazañas que Blackpool e Ipswich Town estuvieron muy cerca de conseguir, pero que se quedaron en hazañas inacabadas, que transformaron en suyas Manchester United y Arsenal, cumpliendo sus objetivos.

martes, 25 de enero de 2011

Resumen Jornada Premier: Viejos asesinos sacian su apetito



Han vuelto, y lo han hecho para quedarse. Entre la humanidad, se esconden hambrientos, en busca de goles de los que alimentarse. Estos últimos años han aterrorizado a los porteros rivales con su instinto verdaderamente asesino, capaces de pulverizar redes con un simple disparo. No obstante, las pocas noticias sobre ellos hacían presagiar sus muertes, pero la resurrección les ha hecho más fuertes, y ahora reanudan su cacerío por todos los campos de Inglaterra.
Porque cuando el Real Madrid grita a viento y marea la búsqueda de un 9 de garantías, ellos levantan la mano para salir a la palestra. Este fin de semana, en duelos sirvientes de estímulo para su apetito, ellos respondieron con una panzada de goles enervantes para sus oponentes, a la vez que ilusionante para su escuadra. La jornada 24 de la Premier League tiene tres nombres propios: Dimitar Berbatov, Robin van Persie y Fernando Torres. 8 goles entre ellos para reivindicarse ante sus equipos que pisotearon a Birmingham, Wigan y Wolverhampton, en una jornada en la que destaca el póker de victorias del Big Four (mucho tiempo después) unida a los tropiezos de los aspirantes. Por abajo, la triple W sigue ocupando los puestos de descenso, y con más margen respecto al pelotón.

El Chelsea necesitaba los puntos como el comer. Ya se ha dejado muchos puntos en el camino y la visita a un campo talismán como es el Reebok Stadium se antojaba fundamental para seguir en el ajo. Así que basándose en una defensa sobria y en la eficacia de sus delanteros consiguió llevarse el botín frente a un Bolton, que opuso resistencia en un principio, pero que con sus facilidades atrás entregó el partido a los blues, en el homenaje a una leyenda del club, Nat Lofthouse, fallecido unos días atrás. La mejor noticia para el Chelsea es la recuperación de su tridente de ataque -Drogba, Malouda, Anelka- que, con sus goles, liquidaron a los trotters en apenas una hora sin réplica alguna. Eso sí, el marcador es ficticio porque el resultado no debió ser tan abultado como se registra. El Bolton recibe ahora la patata caliente de manos del Chelsea, con su pésima racha de 1 punto de los últimos 15, que le deja tocado y bajando a la mitad de la tabla. El Chelsea se lo jugará todo a una carta, el compromiso pendiente contra el Manchester United que puede devolver al cuadro de Ancelotti al pulso por la primera plaza.

Aunque, el Manchester United está intratable y con la buena forma de sus jugadores clave, castigó severamente la mezquindad del Birmingham, absorto en su semifinal de Carling Cup, que salió al Teatro de los Sueños suplicando piedad, pero no la tuvo. Y no la tuvo porque la sociedad Rooney-Berbatov-Giggs se alió para demoler la defensa de los visitantes para irse con una renta definitiva al descanso. Wayne bordó el papel de enganche con un recital de asistencias y detalles; Giggs maravilló desde su añorada banda izquierda de nuevo a un nivel impensable; y Berbatov, rey de la fiesta, firmó un hat-trick como siempre en partido suelto e incluso pudiendo dejar atrás aquello de los cinco goles. Sabe de esto el Manchester United, ajustándose a la veteranía de su preparador, que agarra la cabeza de la tabla con fuerza administrando con astucia los recursos de los que dispone. Mientras el Birmingham, en la imagen de Alex Mc Leish, pierde consistencia en su juego, lo que no puede ser más preocupante, porque el juego desplegado es pobre tanto en casa como a domicilio, y ello explica esa falta de gol que el club sufre.

En la última sesión del sábado, el Manchester City dejó escapar a su vecino con un pinchazo en Villa Park, aun luciendo su once tipo sobre el césped. Darren Bent no se pudo estrenar mejor con los villanos, ya que anotó el gol del triunfo, amortizando su caro traspaso al Aston Villa, que con esta victoria balsámica ahuyenta el peligro al menos una semana. Con el gol de Bent, se resguardó todo el partido de las acometidas de los sky blues, algo borrosos en ataque y sin la pegada habitual.
Más lúcido estuvo el Arsenal, que venció al Wigan en casa por 3-0 con un triplete de Van Persie. El holandés refrenda su buen estado de forma, hinchándose a marcar goles en las últimas jornadas cuando no es principalmente lo suyo. El dominio y las ocasiones pertenecieron a los gunners que pudieron golear si llegan a estar más acertados. El sistema de Wenger continua cuajando con otra actuación estelar de Fabregas y de Walcott. El Wigan fue un espejismo, buenas intenciones, pero poco materializadas, lo cual explica porque rema hacia la Championship.
En The Molineux, Kenny Dalglish obtuvo su primera victoria como entrenador del Liverpool. Dos goles del Niño y otro fantástico de Meireles encauzaron un triunfo contra un rival complicado que no puso las cosas fáciles como es el Wolverhampton. A diferencia del Wigan, la mala suerte del Wolverhampton es lo que le está arrastrando a la quema.

En el resto de la jornada sobresale el empate del Tottenham en St James Park gracias al agónico tanto de Lennon, que es insuficiente para los de Harry Redknapp que optan a cotas más altas. El Everton se dejó sorprender por un West Ham que completó uno de sus mejores partidos esta temporada pero sin el resultado que le corresponde. Sacaron adelante sus partidos Fulham y Blackburn en casa sin excesivos problemas frente a Stoke City y West Bromwich. Por último, remarcar la nueva victoria en terreno del Blackpool del íncreible Sunderland, consolidado como revelación en el sexto lugar y metiéndose en la lucha por subir alguno que otro más. ¡Chapeau por Steve Bruce!

No hay momento de relajación porque el fútbol inglés no para, y durante la semana se disputan tres partidos aplazados de Premier League (entre ellos el United en Blackpool y el Liverpool en casa contra el Fulham), la vuelta de las vibrantes semifinales de Carling Cup y el fin de semana, dosis de FA Cup en su cuarta ronda para avanzar en la conquista del decano de los títulos.

miércoles, 19 de enero de 2011

Luka Modric, ADN de Johan




Tercera edición para la sección del blog llamada Mención Especial, que cada semana nos traerá un nombre distinto que en la temporada 2010/2011 esté agradando, sorprendiendo o deslumbrando en el panorama futbolístico.

Puede que estemos ante el mejor Tottenham de los últimos tiempos. Su plantilla no ha hecho más que mejorar y tantea el mercado con frecuencia para añadirle nivel. La llegada de Harry Redknapp incluso le aportó estabilidad que ahora el club londinense aplaude. 5º en la clasificación con miras a repetir el lugar del año pasado y pugnando con el Milán para hacer historia en Champions. Su crecimiento radica conforme vamos recitando la alineación, ya que su frente de ataque es uno de los más temibles del campeonato. Los centímetros y el trabajo de Crouch, la determinación de Van der Vaart, las locomotoras Bale y Lennon, recambios sedientos de goles con Defoe y Pavlyuchenko...Todo sustentado por las obras de un blondo croata, de menudo porte que hace las delicias de la afición en cada partido con clases magistrales sobre el verde de las que algunos como Guardiola, ya tienen referencias. Luka Modric no ha hecho más que abrillantar las condiciones donadas por uno de los dioses del Olimpo futbolístico, Johan Cruyff. De ahí que se le apode como ``El Cruyff Balcánico´´, no solo por sus similitudes futbolísticas sino también por un cierto parecido físicamente.


Sus primeros pasos como profesional los dio justamente por dónde Cruyff se movía, en la media punta donde su cuerpo liviano no ocultaba su buen manejo del balón y su visión de juego característica. El Dinamo de Zagreb lo reclutó con solo 16 años y allí fue haciéndose hueco en su etapa de adolescencia. Su futuro era prometedor, puesto que en 2006, con sólo 20 tacos, fue convocado para el Mundial de Alemania con la selección helvética unos meses después de dar el salto a la absoluta. Su ascenso era meteórico con el Dinamo de Zagreb, conquistando 6 títulos (entre ellos tres ligas) y siendo nombrado Jugador revelación en 2004 y Mejor jugador del torneo en 2007. Así que como es lógico en estos casos, era cuestión de tiempo que algún club se fijara en él. Tras varios intentos desesperados de otros negociadores, fue el Tottenham quien consumó su fichaje a cambio de 21 millones de libras para un proyecto ambicioso encabezado por Juande Ramos. Paseó ese cartel de estrella venidera en la Eurocopa llevandoa su equipo a los cuartos de final.
Me atrevo a decir que el fútbol inglés ha sido un gran acierto para Luka Modric ya que además de forjarse un nombre, ha conseguido incorporar otros aspectos a su juego como la lucha, el ritmo y ,dicho sea de paso, la madurez. Aunque en su primera temporada tuvo que apechugar con el fracaso del proyecto, lesiones intempestivas y sus dificultades para su adaptación, en parte por su posición poco fructuosa en el campo (interior izquierda). Poco a poco fue dejando de lado sus problemas para formar en el mediocentro a las órdenes de Harry Redknapp. Es ahí donde Modric se ha convertido en el director de orquesta de los spurs, gracias a su distribución del juego acompañada de una labor adquirida de recuperación y brega. A pesar de su escasa participación goleadora (2 goles este año), su temporada es para enmarcar. Lo volvió a demostrar contra el Manchester United, con una actuación magnífica y muy completa que por el contrario, no se vio recompensada con la victoria. Muchos especialistas están encandilados con él, y su nombre ya suena en despachos de altura. Sin ir más lejos, comentan que estuvo apuno de fichar por el Chelsea este invierno. Pep Guardiola considera que es uno de los pocos jugadores que por su mente circula el código barcelonista.


Nadie sabe que hasta dónde llegará en los próximos lustros. De momento, Luka Modric sigue exhibiéndose con el 14 a la espalda en su Tottenham a los ojos del mundo, que rememora en su ser la huella de una leyenda absoluta del fútbol.